jueves, 22 de agosto de 2013




2 CAPITULO 



PETER

―¡Joder tío! ―me grita Eli―. ¿Fue una cascabel? 
―No lo sé.
―¿Cómo lucía? ―grita Jamie hacia mí―. ¿Tenía rayas? 
―Sólo vi la punta de la cabeza, y no voy a regresar ahí para verla más de cerca ―le digo, preguntándome si debería moverme de lado y continuar los últimos tres metros de mi ascenso o intentar bajar.
Soy un tipo de matemáticas, así que inmediatamente considero las probabilidades de sobrevivir a esta situación. Definitivamente siento aguijonazos en mi mano, pero no está entumecida. Seguramente, si fui bombardeado con una gran cantidad de veneno de mierda, empezaría a sentirme entumecido y rígido ahora mismo.
―¡Cierra la maldita boca Jack! ―grito―. Las putas serpientes no tienen piernas, ¿así que cómo se supone que iba yo a pensar que habría una escondida en la pared de una maldita roca a tres metros por debajo la cumbre? 
―¿Te sientes, como, normal? ―pregunta Brooke.
―Una serpiente acaba de perforarme la mano con sus colmillos, Brooke ―digo mientras bajo lentamente. Puede que sea mi imaginación, pero creo que mi mano está empezando a adormecerse―. Por supuesto que no me siento normal.
―¡Traigan a un guardabosques con un antídoto! ―grita Jack al resto. Tendríamos que conducir para encontrar uno. Ninguno de nosotros tiene permiso todavía, así que estamos jodidos. En realidad, yo soy el único que está jodido.
Con toda esta charla de antídotos y cascabeles, no puedo pensar claro y pierdo tracción.
Mis pies resbalan. Luego mi mano, la que no tiene dos perforaciones en ella empieza a sudar de repente y pierdo mi agarre. Me deslizo hacia abajo por la pared de la roca y escucho los jadeos
y gritos de mis amigos debajo mientras lucho por conseguir hacer pie o sujetarme con la mano a algo sólido. No tengo oportunidad.

Todo lo que puedo pensar antes de golpear el suelo es que no estoy listo para morir.  

LALI

―Te amo benja.
Lo dije. No podía mirar dentro de los profundos y oscuros ojos de mi novio mientras las palabras fluyeron perfectamente de mis labios, porque también estoy ocultando algo.
Pensé que decir “te amo” para iniciar una conversación sería más fácil que decir que probablemente esté embarazada. 

Fue cobarde no mirarlo a los ojos y decirle todo, pero decir esas dos palabras es un comienzo. Me siento más vulnerable de lo que jamás me había sentido antes.
No me sienta bien lo de ser vulnerable.

Exhalo lentamente y reúno el valor suficiente para mirar a mi novio de hace un año. Perdimos nuestra virginidad juntos hace un mes cuando sus padres fueron a México para visitar a su abuela.
Ni siquiera puedo pensar en eso ahora, mientras me centro en él. De acuerdo, dije “te amo”. Es tu turno de decirlo, como lo susurraste en mi oído la primera vez que hicimos el amor. Después te diré que no me llegó el periodo este mes y que me estoy enloqueciendo. Luego tú me dirás que todo estará bien y que lo enfrentaremos juntos.

Él está sonriendo. Bueno, más o menos. Un lado de su boca se está levantando, como si fuera divertido. Yo no estaba buscando que se divirtiera. Estaba buscando su afecto y adoración; signos de que estaba bien contarle mi secreto. Miro hacia el Lago Michigan deseando que no estuviéramos afuera y esperando que nadie de nuestra escuela secundaria se aparezca. Envuelvo mis brazos alrededor de mí misma. Todavía no hace calor en Illinois, y el viento proveniente del lago definitivamente me hace temblar. O tal vez son mis nervios.

―No tienes que decírmelo de vuelta ―digo para llenar el silencio, pero esa es una completa mentira. Sí espero que Marco me lo diga. No quiero escucharlo sólo en ocasiones especiales y cuando hacemos el amor.

La primera vez que me lo dijo fue después del baile de bienvenida en septiembre. Luego en víspera de Año Nuevo. Y en San Valentín. Y en mi cumpleaños. Tantas noches que pasé tumbada en mi cama, sola, pensando en cómo nuestro amor duraría para siempre.

Nosotros no tenemos los mismos amigos porque vivimos en diferentes lados de Fairfield, pero eso nunca importó. Lo hemos hecho funcionar. Después de la escuela solemos ir a casa y simplemente… estamos juntos.

Y ahora es posible que tengamos un bebé. ¿Cómo va a tomar la noticia?
Hoy es el último día de nuestro año como estudiantes de primer curso antes de las vacaciones de verano. Marco sugirió que fuéramos a la playa después de la escuela, cuando le dije que necesitábamos hablar.
Tiene sentido en realidad. La playa es nuestro lugar especial.

Nos dimos nuestro primer beso en la playa el verano pasado. Ahí fue donde él me pidió que fuera su novia oficial, en la segunda semana de clases. Hicimos ángeles de nieve en esa misma playa en enero, cuando tuvimos un día de nieve. Venimos aquí para compartir todos nuestros secretos privados, como cuando me dijo dónde escondían las armas alrededor de la ciudad los miembros de la pandilla, para que así la policía no los atrapara llevándolas. Marcos siempre ha conocido tipos que estaban fuertemente conectados con eso.
Se aleja unos pasos de mí, e inmediatamente se me pone la piel de gallina, como si mi cuerpo supiera que algo está pasando, no sólo por el viento del lago. Se pasa los dedos a través de su pelo negro azabache. Luego suspira. Dos veces.

―Pienso que deberíamos ver a otras personas ―murmura.
Pongo mi cabeza de lado. Obviamente no lo escuché bien.
Hay algunas frases que una chica espera oír después de haberle declarado su amor a su novio. Puedo pensar en alguna ahora mismo, pero creo que “deberíamos ver a otras personas” no es ninguna de ellas.
Estoy sorprendida. Y no puedo dejar de temblar mientras pienso en estar embarazada sin él a mi lado, diciéndome que todo estará bien.

―¿P… po… por qué? 
―Siempre dijiste que nunca saldrías con un pandillero, y yo voy a ser uno.
―Por supuesto que no voy a salir con un pandillero ―digo abruptamente―. Hace sólo dos días me dijiste que nunca te unirías a la banda, Marcos. Fue justo antes de que hiciéramos el amor. ¿Recuerdas?
Él hace una mueca. 

―Yo dije un montón de cosas que probablemente no tenía que haber dicho. ¿Y podrías por favor no llamarlo “hacer el amor”? Cada vez que lo dices así me haces sentir como una mierda.
―¿Y cómo quieres que lo llame?
―Sexo.
―¿Sólo sexo, eh?
Él rueda sus ojos, y juro que mi estómago se sacude en respuesta.
―¿Ves? Ahora me estás haciendo sentir como una mierda a propósito.
―No lo estoy haciendo a propósito.

Él abre la boca para decir algo, parece que se lo piensa mejor porque la cierra.
Escaneo su rostro, esperando que diga “¡Sólo estaba bromeando! Por supuesto que te elijo a ti antes que a los Latino Blood1”, pero él no lo hace. Mi corazón se siente como si alguien lo estuviera picando en pedacitos, parte por parte.

―Es sólo que somos… tan diferentes.
―No, no lo somos. Somos perfectos juntos. Vamos a la misma escuela, pasamos el mejor tiempo juntos… ambos somos mexicanos.
Él se ríe. 

―Tú no hablas una sola palabra de español, lali. Mis padres y amigos hablan de ti mientras estás en la habitación y ni te das cuenta. Realmente, tú no eres mexicana.
¿Estaba bromeando?
Mis padres nacieron en México, al igual que el resto de mis antepasados. Nadie los confundiría con otra cosa más que con latinos. El español es su lengua materna. Mis padres vinieron a los  Estados Unidos después de casarse. Después de eso, mi papá fue a la escuela de medicina e hizo su residencia en el Chicago Memorial.

―Ser parte de una banda no te hace más mexicano, Marco. No hagas a la banda más importante que nuestra relación.
Él patea la arena con su pie.
―No hablas pinche español.
―No sé qué acabas de decir. ¿Podrías traducirlo por favor?
Él levanta sus manos en señal de frustración.

―Ese es mi punto. Para ser honesto, he estado saliendo con los Blood desde hace un tiempo.
¿Cómo puede decir eso? Pongo mi mano sobre mi estómago en un débil intento por proteger a cualquier bebé que pueda estar creciendo en mi interior. No puedo evitar que las lágrimas broten de mis ojos. Sé que luzco desesperada y patética mientras un río de lágrimas corre por mis mejillas. Todo lo que pensé que tenía con Marco acaba de desaparecer ante mí. Me siento más sola que nunca en mi vida.

―No puedo creer esto ―digo casi en un suspiro.
Debería decirle mi secreto. Tal vez le haga cambiar de parecer saber que puede que tengamos un bebé. Pero si no estoy embarazada, ¿estoy sólo prolongando lo inevitable?

―Yo simplemente no quiero que me fastidies por ser un Blood ―él suelta―. Todos mis amigos se unieron.
Miro hacia abajo a mis uñas. Las pinté la noche anterior y dibujé un corazón rojo en el medio de cada una. En mis pulgares, dentro de los corazoncitos, puse las iniciales BD: benjamín Delgado. Pensé que estaría halagado. Obviamente, estaba delirando. Rápidamente escondo mis pulgares en mis puños.

―Lo siento ―dice, luego frota mi hombro como un padre consolando a su hijo―. No llores. Nosotros podemos seguir siendo, ya sabes, amigos… amigos con beneficios incluso.
―Yo no quiero que seamos amigos con beneficios, Marco. Yo quiero ser tu novia. ―Todo el contenido de mi almuerzo amenaza con salir fuera.

¿Qué es lo que la banda le está dando que yo no pueda darle?
Él se queda en silencio y patea la arena de nuevo.
Mis manos caen sin fuerza a mis costados mientras me doy cuenta de que no puedo arreglar esto. Él me mira de forma diferente, como si yo fuera sólo una más de las chicas del colegio, y no la chica de sus sueños o la futura madre de sus hijos.

Él saca su celular del bolsillo y le echa un vistazo a la hora.
―Umm… sobre lo de esta noche…
―¿La fiesta de fin de año en Maltti’s? ―Es la “oficial y no oficial” fiesta de pizza para los estudiantes de Fairfield High. Ellos ponen una gran tienda fuera de su restaurante y tienen DJ y eso de toda-la-pizza-que-puedas-comer desde las 18 hasta las 23 horas. Después de eso la mayoría de los estudiantes pasan el tiempo en el campo de fútbol americano de Fairfield hasta que la policía viene a disolverlos.

―Sí ―dice él―. Así que si sabes de alguien que quiera volarse, házmelo saber.
―¿Estás vendiendo drogas? ―le pregunto.
Él se encoge de hombros. ―Es dinero.
―Es dinero sucio, Marco. E ilegal. No lo hagas. Podrías ser arrestado y enviado a prisión.
―No necesito una puta charla de tu parte.

Él revisa su celular de nuevo. ¿Está esperando que alguien le llame o le envíe un mensaje? Siento como si ya hubiera perdido todo lo que tuvimos una vez.
Las lágrimas corriendo silenciosamente por mis mejillas son la prueba de que definitivamente no estoy bien, pero a él parece no importarle. Las limpio de mis mejillas y me maldigo a mí misma por ser tan débil.
Puedo manejar esto. Soy una chica independiente que no necesita de un chico para saber qué hacer. Obviamente este es mi problema, sólo mi problema.
Si estoy embarazada, él lo descubrirá cuando vea mi panza hinchada como una pelota. Él sabrá que es suyo. Si elige aceptarnos y limpiar su vida, hablaremos.
Miro hacia benja y le doy una pequeña sonrisa. 
―No quiero controlarte. Nunca quise ser la chica que te retuvo. 




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