jueves, 22 de agosto de 2013




CAPITULO 4



LALI

No sé cuánto tiempo ha pasado. Cada vez que recibo una llamada a mi celular y me doy cuenta de que no es Marco, lo ignoro. Cada vez que tengo un mensaje de uno de mis amigos, lo ignoro.
No sé cuánto tiempo he estado sentada llorando en la playa, pero no me importa. Le digo a mi bebé que me de fuerzas, pero me siento tan débil como siempre.
Hasta que escucho una voz familiar. 
―LA
Miro hacia arriba. Es Kendalll. Kendalll y yo hemos sido amigas desde el pre-escolar, cuando las dos llevábamos el mismo vestido el día de la foto y se la pasaba diciéndole a todos que éramos gemelas, incluso cuando la señorita Trudy dijo que las mentiras no eran parte de nuestra educación en la escuela sobre los “principios básicos”. No sabíamos qué eran los “principios básicos” hasta que regresamos y nos enteramos que eran cuatro, pero cuando la señorita Trudy hablaba de ellos en su voz severa, sabíamos que estábamos en problemas.
Antes de decir algo, ella se arrodilla ante mí. 
―Me he enterado.
Ella podría haber oído hablar de la ruptura, pero no tiene ni idea de que podría estar embarazada. Entierro mi rostro en mis manos. 
―No lo puedo creer.
―Lo sé ―se sienta a mi lado.
Miro a mi amiga que tiene el cabello claro y ojos color avellana ―exactamente lo contrario a mí. 
―Me dijo que no era suficientemente mexicana.
Kendalll sacude la cabeza y resopla. 

―Él es un idiota.
Sollozo un par de veces, entonces trato de borrar las lágrimas de mi rostro. 
―¿Cómo te enteraste?
Ella hace una mueca. 
―Traté de llamarte y por mensaje, pero no respondiste. Así que le envié un mensaje a BENJA y le pregunte dónde te encontrabas. Y me contó. 
―Le dije que lo amaba. Entonces me respondió que quería ver a otras personas. Luego me dijo que ya estaba saliendo con los Blood y que podríamos ser amigos. Amigos con beneficios, Kendalll. ¿Puedes creerlo? Como si pudiera cambiar mis sentimientos sacándolos como en un grifo. 
Sólo decir las palabras amigos y beneficios con el mismo aliento me hace temblar.
Kendalll suspira. 
―Yo sé que no lo parece en este momento, pero encontraras a alguien más.
―No puedo hacerlo sin él.
―¿Hacer qué? ―pregunta, confundida.
Levanto la vista hacia ella, es la única amiga en la que más puedo confiar. 
―Puede ser que… esté embarazada.
Su mirada de shock se mezcla con una considerable cantidad de pena lo que es suficiente para hacerme llorar de nuevo.
Pone sus manos a ambos lados de mi cara y me obliga a mirarla. 
―Vas a estar bien, LA. Estoy aquí para ti. Lo sabes, ¿verdad? 
Asiento. Me hubiera gustado escuchar esas palabras salieran de la boca de Marco.
―¿De cuánto es el retraso? ―pregunta.
―Una semana y media.

―¿Te has hecho una prueba de embarazo? 

Sacudo la cabeza. Supongo que pensé que después de que le dijera a BENJA, íbamos a ir juntos a una farmacia de alguna ciudad cercana donde nadie nos conociera.
Kendalll me obliga a levantarme. 
―En primer lugar, vamos a ir por una prueba de embarazo. Luego vamos a averiguarlo. Escucha, sea lo que sea no puedes cambiarlo. Vamos a averiguarlo para estar seguras. ¿Bien? 
La verdad es que en este momento no sé si quiero saberlo con certeza. La ignorancia es la felicidad, ¿no?
Guardo silencio, mientras Kendalll conduce a una farmacia de regreso a su casa. Me siento en la orilla de la bañera y mordiéndome las uñas de las manos nerviosamente mientras ella lee las instrucciones y me entrega la tira en la que tengo que hacer pis para saber si estoy embarazada de Marcos o no.
Miro la varita. 
―No puedo ―le digo a Kendalll―. Yo sólo… necesito ver a Marco una vez más. Tengo que hablar con él cara a cara antes de hacer esto. Estará con Malnatti. Si lo puedo sacar lejos de la fiesta y hablar con él, tal vez podamos arreglar las cosas. 
―Yo… no sé si eso es una buena idea. 
―Tengo que verlo esta noche, Kendalll. ―Miro la prueba de embarazo―. No puedo hacerlo sin él.
Sé que sueno desesperada. Sólo tengo que averiguar si hay algo que pueda hacer para que cambie de opinión acerca de Latino Blood… sobre mí… y las drogas.
Kendalll se detiene. 
―¿Estás segura de que quieres hablar con él esta noche?
―Sí. ―Siento que tengo mucho que decirle, me tomó por sorpresa y con la guardia baja para decirlo antes. Si sabe lo mucho que realmente me preocupo por él, tiene que cambiar de opinión. No puedo imaginar a otra chica que lo ame más que yo. Pongo la prueba de embarazo de nuevo en el paquete y la meto en mi bolso.
―Vamos, vamos para que te ayude a prepararte, entonces ―dice y mientras me lleva a su habitación y busca en su armario para encontrar algo para que me ponga―. Creo que ver a BENJA en este momento es una idea horrible, pero si estás decidida, no te voy a detener. En


primer lugar voy a asegurarme de que te ves tan sexy, que BENJA se hará mierda en sus pantalones cuando te eche una mirada.
Al final, Kendalll escoge unos jeans ajustados y una camiseta de diseño que su mamá le dio después de que ella decidiera que ya los no quería más. Cuando llegamos a la fiesta, hago una respiración profunda y mantengo la cabeza erguida mientras camino a través de la gran carpa blanca de Malnatti con Kendalll a mi lado.
Reviso el área principal. Parece que toda la escuela está aquí celebrando el comienzo de las vacaciones de verano.
La música suena.
Algunas personas están comiendo.
Algunas personas están bailando.
Reviso la tienda en busca de su cara familiar que hace que mi corazón se acelere cada vez que lo miro.
Finalmente lo veo… está con Mariana Castillo en la esquina trasera. Ella es una de las chavas rudas y bonitas de los Latino Blood que la mayoría de las chicas de Fairfield evitan. La está besando de esa forma tan familiar que conozco muy bien. Y estaba acariciando su culo con sus manos con las cuales me tocaban estando desnuda hace dos días.
No.
Cierro los ojos, deseando que la imagen desaparezca. Pero no sucede.
Abro los ojos, y ahora me doy cuenta de que la mayoría de los estudiantes de primer y segundo año me miran. Recibo miradas de lastima de las chicas del lado del norte, pero me doy cuenta de que la mayoría de las chicas Latina de la zona sur están susurrando entre sí y riéndose. Están regocijándose, felices de que Marco se deshiciera de su novia rica del lado norte.
Le digo a Kendalll que no me siga cuando doy la vuelta para salir corriendo de la tienda, sin detenerme hasta que llego a mi casa unos veinte minutos más tarde. Pongo el cerrojo de arriba y me encierro en mi habitación, sintiéndome como una completa estúpida.
Saco la prueba de embarazo de la parte del cierre de mi bolso y  desenvuelvo la tira. Dejo escapar un suspiro largo y lento. Esto es todo. El momento de la verdad...................... 



CAPITULO 3





―Supongo.
―Genial ―él se inclina y me besa en la mejilla―. Mis amigos pensaron que te pondrías toda loca. Pensaron que me ibas a golpear o algo así.
Ahora que lo pienso… pero no, no podría golpearlo.
Antes de que pueda abrir la boca para suplicarle que vuelva y perder toda la dignidad que me queda, se da vuelta y se va. Luego, él simplemente se ha ido. Fuera de mi vista, pero definitivamente no fuera de mi mente.
Eligió a la banda antes que a mí.
Jadeo. Miro al lago y tengo la tentación de saltar dentro, para nadar y pretender que esto no está sucediendo. La desesperación se apodera de mí como las olas que lavan las huellas en la arena de la costa, y empiezo a temblar incontrolablemente. Mis rodillas se derrumban en la arena y puedo sentir mis lágrimas calientes caer de nuevo. Esta vez no las aparto. Rompo a llorar recordando todos y cada uno de los momentos que Marco y yo pasamos juntos, y rezando porque mi periodo sólo esté retrasado y yo no esté verdaderamente embarazada.
Quedarme embarazada a los quince años nunca fue mi plan.   

 PETER

Supongo que mi secreto ha salido a la luz. Si no fuera por esa maldita serpiente, no me hubiese caído del acantilado y mi ´amá no estaría sentada en la habitación del hospital amenazándome con los ojos entrecerrados diciéndome en silencio que estoy metido en problemas.
El caso es que no tenía veneno corriendo por mi cuerpo. Uno de los colmillos de la serpiente pinchó un nervio de mi mano, siendo esa la razón por la que la tenía entumecida. Mientras el padre de Brooke me llevaba al hospital, sabía que había sobrevivido a la mordedura y la caída, pero todavía tengo que sobrevivir a mí ´amá.
Mientras me caía por el peñón, me rasgué bastante las piernas. Debería estar agradecido por haber podido sujetarme a la parte de una roca que sobresalía con la mano buena, incluso aunque me hubiese arrancado la piel de la palma hasta la muñeca y casi necesitara puntos de sutura. Al final, el doctor decidió que los cortes no eran lo suficientemente profundos para eso y le pidió a una enfermera que me vendara nada más.
Mi ‘amá cruzó los brazos sobre su pecho. 
―Me has dado un susto de muerte, PETER. ¿Quién te dijo que escalaras montañas sin arnés de seguridad?
―Nadie.
―Fue una estupidez ―me dijo, señalando lo obvio mientras observaba a la enfermera vendarme la mano.
―Ya lo sé.
Miré hacia mi hermano Alex, apoyado en la ventana mirándome. Estaba negando con la cabeza, probablemente preguntándose cómo era posible que tuviera dos hermanos menores destinados a hacer estupideces. Nuestro padre murió antes de que yo naciera, por lo que Alex se convirtió en el hombre de la casa desde que tenía seis años. Tengo que reconocer que tiene mérito. Él siempre trató de alejarnos de problemas. Aunque Carlos siempre fue una causa perdida. Mi ‘amá decía que nació dando patadas y gritando y no paró hasta ser un adolescente.
Entonces usó toda esa energía acumulada para comenzar peleas con quien fuera tan estúpido como para encabronarlo.
Alex tenía veinte años cuando mi ‘amá envió a Carlos a vivir con él para que Alex lo llevara por el buen camino.
Ahora Carlos era militar y Alex estaba a punto de casarse con Brittany Ellis, la chica con la que había estado desde secundaria.
Una enfermera asomó la cabeza en la habitación. 
―Sra. Fuentes, tiene que firmar unos papeles.
En cuanto mi ‘amá salió de la habitación, Alex caminó hacia a mí.
―Eres un hijo de puta con suerte ―dijo―. Si alguna vez me entero de que escalas sin arnés de nuevo, yo personalmente te voy a patear el culo. ¿Entendido?
―Alex, no fue culpa mía.
―Joder ―dijo cubriéndose los ojos con la mano como si tuviese un fuerte dolor de cabeza―. Suenas igual que Carlos.
―No soy Carlos ―le contesté.
―Entonces no actúes como él. Me caso dentro de dos semanas. Dos semanas, Lo último que necesito es a uno de mis hermanos cayéndose de un jodido acantilado y matándose.
―Técnicamente no era un acantilado ―le dije―. Y las probabilidades de una mordedura de serpiente en el ascenso son casi…
―Dame un respiro ―dijo interrumpiéndome. No me importan las estadísticas,  Quiero a mi hermano en mi boda.
Cinco chicas, incluyendo a Brooke, Jamie, y tres de sus amigas, aparecieron en la puerta. Todas traían globos que decían: ¡Qué te mejores pronto!
Me reí con apuro mientras mi hermano miraba con shock el desfile de chicas que ataban los globos a los barrotes de mi cama.
―¿Cómo te sientes? ―preguntó Brooke.
―Como una mierda ―le dije levantando las dos manos vendadas, una por la mordedura de la serpiente y la otra por haberse desgarrado en las rocas.

―Hemos venido para hacer que te sientas mejor ―dijo Jamie.
Sonreí e inmediatamente me sentí mejor. Ahora que sabía que no estaba a punto de morir, todo estaba bien. 
―¿En qué habéis pensado, chicas?
Me pareció oír resoplar a mi hermano mientras daba un paso atrás y las chicas rodeaban mi cama.
―¿Quieres que te dé un masaje en la espalda? ―preguntó Angélica Muñoz con coquetería.
―He traído galletas de la panadería Pearl Street Mall ―dijo Brooke―. Puedo darte de comer ya que no puedes usar las manos.
―Tiene que ser una broma ―dijo PETER detrás de ella.
Angélica se puso detrás de mí y comenzó a masajearme la espalda, mientras que Brooke tomaba una de las galletas de chocolate y la llevaba a mi boca.
Mi futura cuñada entró en la habitación, con sus botas de tacón alto resonando en el suelo del hospital y su pelo en una larga cola de caballo rubia cayendo por su espalda. Echó una mirada a su alrededor  y negó con la cabeza confundida.
―¿Qué pasa aquí? ―le preguntó a Alex.
―No preguntes ―dijo acercándose a ella.
―Alex me llamó asustado porque estabas herido ―me dijo.
Levanté mis dos manos vendadas. 
―Lo estoy. Duele un montón, pero el médico dice que sobreviviré.
―Obviamente ―dijo―. Pero no creo que estés tan feliz cuando tu madre entre en la habitación y pille a su hijo de dieciséis años, rodeado por su propio harén. Ya sabes cómo es de sobreprotectora, Luis.
―Si es como mi madre, se pondrá histérica ―dijo Angélica, luego se volvió hacia las otras chicas―. Tal vez deberíamos irnos.
Angélica es una chica con la que he “jugado” casualmente por ahí un par de veces en las fiestas. Ella tiene padres mexicanos, así que lo entiende. Las otras chicas no tienen ni idea de lo protectoras que pueden ser las madres mexicanas.
Le dije a las chicas que les mandaría un mensaje de texto cuando pudiera usar mis manos, y se fueron justo antes de que mi ‘amá entrara de nuevo a la habitación.
―¿Quién ha traído los globos? ―preguntó―. ¿Han sido las chicas que vi en el pasillo?
―Sí ―le dije―. Son amigas de la escuela. ―No es necesario que entre en detalles sobre cómo me he divertido con tres de las cinco en un momento u otro. Eso traería un sermón que definitivamente prefiero evitar.
El doctor me da de alta media hora después; en cuanto le da instrucciones a mí ‘amá sobre cómo tratar las heridas en casa.
―No eres invencible ―me dijo Alex después de que Brittany y mi ‘amá salieran de la habitación―. Ninguno de nosotros lo es. Recuérdalo.
―Ya lo sé.
Señala mi pecho con el dedo y bloquea mi camino. 
―Escúchame, PETER, porque sé muy bien lo que tenías en la cabeza cuando decidiste escalar sin equipo de seguridad. Te gustó la sensación de adrenalina sabiendo que le estabas diciendo “vete a la mierda” al peligro. Tengo un hermano en el ejército y un mejor amigo que lleva cuatro años bajo tierra, y no voy a darme la vuelta y quedarme tan tranquilo mientras veo que a mi hermanito se le pone dura por coquetear con el peligro.
―Te tomas la vida muy en serio ―le respondo, pasando por delante de él. Ya no soy tu hermano pequeño, Alex, y no soy tan inocente como parezco. Tengo casi dieciséis. ¿Recuerdas a esa chica, Brooke, la que me trajo galletas? Ella tampoco es tan inocente. ¿Quieres saber cómo lo sé?
No puedo evitar sonreír mientras Alex se tapa las orejas con las manos para no escucharme.

―No quiero saberlo ―dijo―. Eres demasiado joven, hermano. Te juro que si embarazas a una chica, tendrás más que dos manos vendadas que curar. 



2 CAPITULO 



PETER

―¡Joder tío! ―me grita Eli―. ¿Fue una cascabel? 
―No lo sé.
―¿Cómo lucía? ―grita Jamie hacia mí―. ¿Tenía rayas? 
―Sólo vi la punta de la cabeza, y no voy a regresar ahí para verla más de cerca ―le digo, preguntándome si debería moverme de lado y continuar los últimos tres metros de mi ascenso o intentar bajar.
Soy un tipo de matemáticas, así que inmediatamente considero las probabilidades de sobrevivir a esta situación. Definitivamente siento aguijonazos en mi mano, pero no está entumecida. Seguramente, si fui bombardeado con una gran cantidad de veneno de mierda, empezaría a sentirme entumecido y rígido ahora mismo.
―¡Cierra la maldita boca Jack! ―grito―. Las putas serpientes no tienen piernas, ¿así que cómo se supone que iba yo a pensar que habría una escondida en la pared de una maldita roca a tres metros por debajo la cumbre? 
―¿Te sientes, como, normal? ―pregunta Brooke.
―Una serpiente acaba de perforarme la mano con sus colmillos, Brooke ―digo mientras bajo lentamente. Puede que sea mi imaginación, pero creo que mi mano está empezando a adormecerse―. Por supuesto que no me siento normal.
―¡Traigan a un guardabosques con un antídoto! ―grita Jack al resto. Tendríamos que conducir para encontrar uno. Ninguno de nosotros tiene permiso todavía, así que estamos jodidos. En realidad, yo soy el único que está jodido.
Con toda esta charla de antídotos y cascabeles, no puedo pensar claro y pierdo tracción.
Mis pies resbalan. Luego mi mano, la que no tiene dos perforaciones en ella empieza a sudar de repente y pierdo mi agarre. Me deslizo hacia abajo por la pared de la roca y escucho los jadeos
y gritos de mis amigos debajo mientras lucho por conseguir hacer pie o sujetarme con la mano a algo sólido. No tengo oportunidad.

Todo lo que puedo pensar antes de golpear el suelo es que no estoy listo para morir.  

LALI

―Te amo benja.
Lo dije. No podía mirar dentro de los profundos y oscuros ojos de mi novio mientras las palabras fluyeron perfectamente de mis labios, porque también estoy ocultando algo.
Pensé que decir “te amo” para iniciar una conversación sería más fácil que decir que probablemente esté embarazada. 

Fue cobarde no mirarlo a los ojos y decirle todo, pero decir esas dos palabras es un comienzo. Me siento más vulnerable de lo que jamás me había sentido antes.
No me sienta bien lo de ser vulnerable.

Exhalo lentamente y reúno el valor suficiente para mirar a mi novio de hace un año. Perdimos nuestra virginidad juntos hace un mes cuando sus padres fueron a México para visitar a su abuela.
Ni siquiera puedo pensar en eso ahora, mientras me centro en él. De acuerdo, dije “te amo”. Es tu turno de decirlo, como lo susurraste en mi oído la primera vez que hicimos el amor. Después te diré que no me llegó el periodo este mes y que me estoy enloqueciendo. Luego tú me dirás que todo estará bien y que lo enfrentaremos juntos.

Él está sonriendo. Bueno, más o menos. Un lado de su boca se está levantando, como si fuera divertido. Yo no estaba buscando que se divirtiera. Estaba buscando su afecto y adoración; signos de que estaba bien contarle mi secreto. Miro hacia el Lago Michigan deseando que no estuviéramos afuera y esperando que nadie de nuestra escuela secundaria se aparezca. Envuelvo mis brazos alrededor de mí misma. Todavía no hace calor en Illinois, y el viento proveniente del lago definitivamente me hace temblar. O tal vez son mis nervios.

―No tienes que decírmelo de vuelta ―digo para llenar el silencio, pero esa es una completa mentira. Sí espero que Marco me lo diga. No quiero escucharlo sólo en ocasiones especiales y cuando hacemos el amor.

La primera vez que me lo dijo fue después del baile de bienvenida en septiembre. Luego en víspera de Año Nuevo. Y en San Valentín. Y en mi cumpleaños. Tantas noches que pasé tumbada en mi cama, sola, pensando en cómo nuestro amor duraría para siempre.

Nosotros no tenemos los mismos amigos porque vivimos en diferentes lados de Fairfield, pero eso nunca importó. Lo hemos hecho funcionar. Después de la escuela solemos ir a casa y simplemente… estamos juntos.

Y ahora es posible que tengamos un bebé. ¿Cómo va a tomar la noticia?
Hoy es el último día de nuestro año como estudiantes de primer curso antes de las vacaciones de verano. Marco sugirió que fuéramos a la playa después de la escuela, cuando le dije que necesitábamos hablar.
Tiene sentido en realidad. La playa es nuestro lugar especial.

Nos dimos nuestro primer beso en la playa el verano pasado. Ahí fue donde él me pidió que fuera su novia oficial, en la segunda semana de clases. Hicimos ángeles de nieve en esa misma playa en enero, cuando tuvimos un día de nieve. Venimos aquí para compartir todos nuestros secretos privados, como cuando me dijo dónde escondían las armas alrededor de la ciudad los miembros de la pandilla, para que así la policía no los atrapara llevándolas. Marcos siempre ha conocido tipos que estaban fuertemente conectados con eso.
Se aleja unos pasos de mí, e inmediatamente se me pone la piel de gallina, como si mi cuerpo supiera que algo está pasando, no sólo por el viento del lago. Se pasa los dedos a través de su pelo negro azabache. Luego suspira. Dos veces.

―Pienso que deberíamos ver a otras personas ―murmura.
Pongo mi cabeza de lado. Obviamente no lo escuché bien.
Hay algunas frases que una chica espera oír después de haberle declarado su amor a su novio. Puedo pensar en alguna ahora mismo, pero creo que “deberíamos ver a otras personas” no es ninguna de ellas.
Estoy sorprendida. Y no puedo dejar de temblar mientras pienso en estar embarazada sin él a mi lado, diciéndome que todo estará bien.

―¿P… po… por qué? 
―Siempre dijiste que nunca saldrías con un pandillero, y yo voy a ser uno.
―Por supuesto que no voy a salir con un pandillero ―digo abruptamente―. Hace sólo dos días me dijiste que nunca te unirías a la banda, Marcos. Fue justo antes de que hiciéramos el amor. ¿Recuerdas?
Él hace una mueca. 

―Yo dije un montón de cosas que probablemente no tenía que haber dicho. ¿Y podrías por favor no llamarlo “hacer el amor”? Cada vez que lo dices así me haces sentir como una mierda.
―¿Y cómo quieres que lo llame?
―Sexo.
―¿Sólo sexo, eh?
Él rueda sus ojos, y juro que mi estómago se sacude en respuesta.
―¿Ves? Ahora me estás haciendo sentir como una mierda a propósito.
―No lo estoy haciendo a propósito.

Él abre la boca para decir algo, parece que se lo piensa mejor porque la cierra.
Escaneo su rostro, esperando que diga “¡Sólo estaba bromeando! Por supuesto que te elijo a ti antes que a los Latino Blood1”, pero él no lo hace. Mi corazón se siente como si alguien lo estuviera picando en pedacitos, parte por parte.

―Es sólo que somos… tan diferentes.
―No, no lo somos. Somos perfectos juntos. Vamos a la misma escuela, pasamos el mejor tiempo juntos… ambos somos mexicanos.
Él se ríe. 

―Tú no hablas una sola palabra de español, lali. Mis padres y amigos hablan de ti mientras estás en la habitación y ni te das cuenta. Realmente, tú no eres mexicana.
¿Estaba bromeando?
Mis padres nacieron en México, al igual que el resto de mis antepasados. Nadie los confundiría con otra cosa más que con latinos. El español es su lengua materna. Mis padres vinieron a los  Estados Unidos después de casarse. Después de eso, mi papá fue a la escuela de medicina e hizo su residencia en el Chicago Memorial.

―Ser parte de una banda no te hace más mexicano, Marco. No hagas a la banda más importante que nuestra relación.
Él patea la arena con su pie.
―No hablas pinche español.
―No sé qué acabas de decir. ¿Podrías traducirlo por favor?
Él levanta sus manos en señal de frustración.

―Ese es mi punto. Para ser honesto, he estado saliendo con los Blood desde hace un tiempo.
¿Cómo puede decir eso? Pongo mi mano sobre mi estómago en un débil intento por proteger a cualquier bebé que pueda estar creciendo en mi interior. No puedo evitar que las lágrimas broten de mis ojos. Sé que luzco desesperada y patética mientras un río de lágrimas corre por mis mejillas. Todo lo que pensé que tenía con Marco acaba de desaparecer ante mí. Me siento más sola que nunca en mi vida.

―No puedo creer esto ―digo casi en un suspiro.
Debería decirle mi secreto. Tal vez le haga cambiar de parecer saber que puede que tengamos un bebé. Pero si no estoy embarazada, ¿estoy sólo prolongando lo inevitable?

―Yo simplemente no quiero que me fastidies por ser un Blood ―él suelta―. Todos mis amigos se unieron.
Miro hacia abajo a mis uñas. Las pinté la noche anterior y dibujé un corazón rojo en el medio de cada una. En mis pulgares, dentro de los corazoncitos, puse las iniciales BD: benjamín Delgado. Pensé que estaría halagado. Obviamente, estaba delirando. Rápidamente escondo mis pulgares en mis puños.

―Lo siento ―dice, luego frota mi hombro como un padre consolando a su hijo―. No llores. Nosotros podemos seguir siendo, ya sabes, amigos… amigos con beneficios incluso.
―Yo no quiero que seamos amigos con beneficios, Marco. Yo quiero ser tu novia. ―Todo el contenido de mi almuerzo amenaza con salir fuera.

¿Qué es lo que la banda le está dando que yo no pueda darle?
Él se queda en silencio y patea la arena de nuevo.
Mis manos caen sin fuerza a mis costados mientras me doy cuenta de que no puedo arreglar esto. Él me mira de forma diferente, como si yo fuera sólo una más de las chicas del colegio, y no la chica de sus sueños o la futura madre de sus hijos.

Él saca su celular del bolsillo y le echa un vistazo a la hora.
―Umm… sobre lo de esta noche…
―¿La fiesta de fin de año en Maltti’s? ―Es la “oficial y no oficial” fiesta de pizza para los estudiantes de Fairfield High. Ellos ponen una gran tienda fuera de su restaurante y tienen DJ y eso de toda-la-pizza-que-puedas-comer desde las 18 hasta las 23 horas. Después de eso la mayoría de los estudiantes pasan el tiempo en el campo de fútbol americano de Fairfield hasta que la policía viene a disolverlos.

―Sí ―dice él―. Así que si sabes de alguien que quiera volarse, házmelo saber.
―¿Estás vendiendo drogas? ―le pregunto.
Él se encoge de hombros. ―Es dinero.
―Es dinero sucio, Marco. E ilegal. No lo hagas. Podrías ser arrestado y enviado a prisión.
―No necesito una puta charla de tu parte.

Él revisa su celular de nuevo. ¿Está esperando que alguien le llame o le envíe un mensaje? Siento como si ya hubiera perdido todo lo que tuvimos una vez.
Las lágrimas corriendo silenciosamente por mis mejillas son la prueba de que definitivamente no estoy bien, pero a él parece no importarle. Las limpio de mis mejillas y me maldigo a mí misma por ser tan débil.
Puedo manejar esto. Soy una chica independiente que no necesita de un chico para saber qué hacer. Obviamente este es mi problema, sólo mi problema.
Si estoy embarazada, él lo descubrirá cuando vea mi panza hinchada como una pelota. Él sabrá que es suyo. Si elige aceptarnos y limpiar su vida, hablaremos.
Miro hacia benja y le doy una pequeña sonrisa. 
―No quiero controlarte. Nunca quise ser la chica que te retuvo.